Un nuevo contrato social de la empresa para el día después

El pasado 9 de julio, la comunidad de «Desigualdad y nuevo modelo económico» del Día Después organizó un ágora sobre la necesidad de un nuevo contrato social de la empresa que garantice una reactivación económica post COVID-19 justa y sostenible.

Recientemente, el Banco Mundial señalaba que entre 40 y 60 millones de personas podrían caer por debajo del límite de la pobreza extrema en 2020.

Pero ya hay datos más concisos, como los que señala Joaquín Nieto, director de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para España: “1.600 millones de personas en el mundo han pasado automáticamente con la pandemia a no tener ingresos”.

Nieto también recordaba en el ágora de El Día Después una situación previa a esta crisis en la que el 60% de los trabajadores en el mundo lo hacen sin ningún tipo de protección social.

En estos momentos de incertidumbre son más necesarios que nunca acuerdos y consensos que den lugar a un nuevo Estado de bienestar, y el contrato social de la empresa será una de las piezas clave. “De cómo sea este contrato social dependerá en buena medida cómo será ese día después en el que ya nos encontramos”, señaló Cristina Monge, directora de conversaciones de ECODES, en el ágora.

Vídeo resumen del ágora «Un nuevo contrato social de la empresa» (9:28 mtos)

Pero ¿en qué consiste ese contrato social? Para Antón Costas, catedrático de Política Económica, “el contrato social es un pegamento invisible, un compromiso social, con partes explícitas e implícitas, que permite que la sociedad funcione de manera armoniosa”.

Costas señala que este contrato social -con una larga historia desarrollada por pensadores como Hobbes, Locke, Rousseau o Rawls- es un “pegamento” más necesario que nunca, “frente al disolvente que supone la desigualdad generada fundamentalmente por la redistribución del excedente que se genera en las empresas».

Antón Costas incluso cita al padre del liberalismo económico, Adam Smith, para reclamar una redistribución justa de ese excedente. “El exceso de la riqueza pervierte moralmente a los muy ricos y los hace ver a sí mismos como personas que viven bien por sus propios méritos, atribuyendo falta de méritos o esfuerzos a los que no viven bien”.

Joaquín Nieto, de la OIT, puso el acento durante su intervención en la regulación como elemento clave para que funcione el contrato social, “una regulación en la que deberán estar implicados todos, desde el lugar del trabajo hasta el nivel más global, y pensada desde la justicia social y la redistribución del excedente”.

De cómo sea este contrato social dependerá en buena medida cómo será ese día después en el que ya nos encontramos

Cristina Monge

El contrato social es un pegamento invisible que permite que la sociedad funcione de manera armoniosa

Antón Costas

El nuevo contrato social de la empresa, según el economista Antón Costas (7:13 mtos)

A la hora de aplicar este contrato social al ámbito de la empresa, Begoña Sánchez, de Humanas.es, recordó que han identificado tres tipos de empresas, según cómo han reaccionado a la crisis del COVID-19: Las que efectivamente están gestionando estos cambios, las que no han sido capaces pero están buscando pautas y guías, y, por último y más preocupante, un gran volumen de empresas incapaces de ver los riesgos y oportunidades que traen las nuevas formas de trabajo.

Carles Campuzano, director de Dincat, aterrizó el debate al caso de España para recordar que el sistema de protección en este país está vinculado al contrato de trabajo, y que el gran instrumento de redistribución del excedente son los incrementos de los salarios mínimos.

Campuzano recordó la realidad del tejido productivo en España: Microempresas y PYMES, con un sector productivo, el turismo, que supone el 12% de nuestra economía, “tan afectado por el confinamiento y con un mercado de trabajo con una temporalidad excesiva”.

Por esta razón, el elemento fundamental en el contrato social de este sector será la relación/negociación entre representantes de empresarios y trabajadores para el reparto del excedente.

El derecho a la formación continua a lo largo de la vida

Campuzano también aludió a una concepción de la protección social amplia que incorpore la idea de “la cuenta de formación personal”, y propone incorporar esta dimensión de la formación al ingreso mínimo vital. “Cuando miramos cuáles son los trabajadores con más temporalidad y menos salario, siempre son los trabajadores con menos nivel de formación”.

En este sentido, Susana Mañueco, responsable de Relaciones Internacionales de COTEC, señaló la necesidad de reinventarse que tienen las personas como trabajadoras y el derecho a la formación continua a lo largo de la vida, y puso como ejemplo la campaña #MiEmpleoMiFuturo que lanzó hace un año esta fundación.

En España, el gran instrumento de redistribución del excedente empresarial son los incrementos de los salarios mínimos

Carles Campuzano

Valores compartidos para un nuevo contrato social

El ágora de El Día Después también tuvo la oportunidad de contar con representantes de empresas que, en todos los casos, pusieron el acento en la necesidad de contar con unos valores y principios compartidos por el conjunto de trabajadores.

Para Ramón Novell, gerente de Cafés Novell, el principio clave en su empresa es la sostenibilidad en cada una de las grandes y pequeñas decisiones que se toman. “Ser reconocidos por este valor da un sentimiento de orgullo de pertenencia a sus trabajadores y se va construyendo un vínculo dentro de la empresa que se visibiliza en los resultados”.

Cecilia Coll, responsable de Personas con Valores en Laboratorios Quinton, pone el foco en la gestión del tiempo de las personas, “centrados en darle bienestar y equilibrio a cada miembro del equipo, y a su entorno social y familiar”, y recuerda que este tipo de iniciativas de equilibrio laboral no dependen del tamaño ni del sector de la empresa sino de la voluntad de llevarlos a cabo.

David Tomás, CEO de Cyberclick, apunta a la participación de los equipos en la toma de decisiones, una participación basada en la confianza y transparencia. “Si involucras a tu equipo, su nivel de compromiso y de bienestar aumentan, y eliminas muchas ineficiencias”. De esta forma, las empresas pueden atraer a personas que aporten la renovación y reinvención necesarias.

Antón Costas coincidió en señalar la importancia de lograr un clima social interno óptimo que permita que las capacidades de creatividad e innovación crezcan y den los mejores frutos. Y en ese sentido aludió al principio de reciprocidad que debería regir el nuevo contrato social.

“Por citar a John Rawls, cuando imagina las democracias liberales las sitúa bajo el principio de la reciprocidad y hace una advertencia a las élites: Si no atienden a este principio, las democracias van a sufrir. Y un ejemplo hoy es lo que sucede en EEUU con Donald Trump”.

¿Y la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible donde queda en este debate? Como se encargó de recordar Javier Cortés, consultor internacional y miembro de la comunidad de Cooperación del #DíaDespués, “la Agenda 2030 permite que sea abordada desde muchos ámbitos, incluso sin mencionarla explícitamente, que es lo que ha pasado en esta conversación”.

Cortés aludió concretamente al ODS17, el de la colaboración, el enfoque multiactor e interdisciplinar, necesario para abordar la reconstrucción tras esta crisis.

Finalmente, Cristina Monge destacó tres ideas que deberán estar presentes en este contrato social, y que se abordarán en las próximas ágoras y talleres que organizará la comunidad de Desigualdad y nuevo modelo económico de El Día Después:

  • La necesidad de incorporar el envejecimiento -no podemos aparcar a los mayores-. Un tema abordado ya el pasado mes de mayo
  • La gestión de la complejidad
  • la idea de futuro, incorporando a las próximas generaciones y apelando a la sostenibilidad.
Panelistas
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Vídeo de la sesión
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Xosé Ramil

Equipo de integración del itdUPM Comunicación en el Día Después

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